Se ha resignado a sólo anhelar vender todas las piñatas que durante el año elabora
Por: Elvia Salimé Zamora Manrique
Sabinas.- “Los necesito siempre y aunque no me gusta esta sensación de abandono, debo decir que ya me acostumbré, es triste la soledad cuando no sabes llevarla, pero aprendà que si no soy feliz en ella, tampoco le doy molestias a nadieâ€, dice en un claro llamado de amor y no de reproche doña Victoria Herrera Espinoza, madre de 8 hijos que debido a las múltiples ocupaciones han olvidado que la celebración real de la Navidad es la unión familiar. Desde hace 10 años que murió su amor eterno, su esposo José Guevara Zamora, doña Victoria se ha dedicado a la elaboración de piñatas para subsistir, este mes es para ella el mejor en ventas, pasa la Nochebuena y Navidad sola, pero muy agradecida con el creador del universo por permitirle abrir los ojos cada dÃa para disfrutar de sus plantas y múltiples actividades en su hogar. En estas fechas cuando la mayorÃa de las familias esperan la llegada de hijos, padres, sobrinos, nietos y demás, la señora Victoria, quien cuenta con 80 años, se ha resignado a sólo anhelar vender todas las piñatas que durante el año elabora, con el fin de tener un recurso extra para comprar los ingredientes necesarios y elaborar su propia cena del 24 de diciembre, “unos 20 pesos de carne, tortillas de harina y verduras es el mejor platilloâ€, precisa. “No sé si es por lástima, pero gracias a Dios la gente se para frente a mi casa al ver las piñatas y me compra, hago muchas chiquitas y medianas de 20, 30 y 50 pesos y sólo una grandota de siete picos, en esa me tardo todo el año y la doy a 200 pesos, con eso ya saco mi aguinaldoâ€, dijo. La octogenaria habita en el primer cuadro de la ciudad de Sabinas, en un terreno muy grande al menos de media manzana; su casa tiene cuatro cuartos a medio terminar y deteriorados por el paso de los años, es muy frÃa y parece llover nieve, pues el techo se va desmoronando poco a poco sobre lo poco que hay a su paso, cuenta con una parrilla de cuatro quemadores, un frágil comedor de cuatro sillas, tres de las cuales lucen empolvadas por su inmovilidad y desuso y un colchón matrimonial donde permanece ocho horas de manera pausada, seis para dormir y dos para ver televisión tapada con dos delgados cobertores. Únicamente recibe de manera mensual una despensa por parte del DIF Coahuila, pues el municipio y diversos organismos que se dicen altruistas le han dicho que no necesita porque vive en un amplio terreno, sin saber que sólo recibe mil pesos de pensión y no puede vender sus tierras para mejorar su situación, pues el marido murió dejándola intestada. “Antes me daban ganas de vender algunos pedazos de tierra que me dejó mi viejito pero no puedo porque todo está intestado, sólo una vez les pedà el favor a mis hijos pero no vi respuesta favorable, todo eso cuesta y yo no tengo de dinero, asà que ya me hice la idea, ya estoy en la brecha directa con Dios y algún dÃa saldré de aquà para reunirme con mi amor y mi hija que hace dos meses murióâ€, relata con un nudo en la garganta y las lágrimas asomándose en su rostro al recordar la pérdida del ser a quien le dio la vida. Al preguntarle sobre sus hijos, dijo: “Tuve 8, una hija falleció de un infarto, los otros pues los tuve como a todos, con mucho amor, los crié con mi esposo y pasaron los años, crecieron y se volvieron adultos independientes, me emociono de alegrÃa al saber de sus éxitos sabiendo que son personas de mucho orgullo, pues fueron criados con mucho amor, buenas costumbres y en un camino que siempre les llevaba a Dios, sé que les va bien en todos los sentidos y eso siempre alegra a una madre, también sé que no tienen tiempo de venir a verme ni en Navidad, ni el DÃa de las Madres, ni nunca y pues no me quiero ir a vivir con ninguno, acuérdense que el muerto y el arrimado a los tres dÃas apestaâ€, comenta doña Victoria. Recordó que junto a su marido siempre ponÃa el pinito de Navidad y aunque ahora le faltan los foquitos, lo sigue adornando para seguir la tradición navideña, tal vez sin regalos, pero con la esperanza de cumplir sus deseos. En ese sentido, al ser cuestionada sobre qué regalo le gustarÃa recibir, señalo: “Lo que quiero nadie me lo puede dar, quisiera saber que mi hija está viva, es muy feo sepultar a un hijo, ellos nos deben enterrar a nosotros, con la muerte de mis padres se acabo mi fuerza y con la muerte de mi esposo se me acabó el orgullo, imagÃnense con la pérdida de mija, ya no tengo nada, pero sigo con la voluntad de Dios hasta el dÃa que él me dé licenciaâ€, señaló. “Son mis hijos, los amo mucho, están bien, pero sin novedad, cuando tienen tiempo o lugar vienen a mi casa, pero no tengo nada que reprocharles, siempre estarán en mi corazónâ€, culminó doña Victoria.